Grief and Loneliness

When someone dies, everyone reaches out. Everyone is sorry. Everyone cries with you. You get hundreds of messages and you learn who’s really there for you.

You discover who your true friends are. You see who you can count on. Grief teaches you what matters and what doesn’t, who matters and who doesn’t. Who you want in your life, and who you don’t.

My husband was loved all over the world — from Manila to Panama. He lived and worked in so many places, touched so many hearts.

We built a true crisol de razas in our family — a melting pot of cultures. He was Canadian, I’m Venezuelan, and our children were all born in Panama. From each of those countries, beautiful and kind people reached out to me — asking about the kids, thinking of us, praying for us. I truly have no words to express how much that means, and how deeply grateful I am.

So, I’m not alone.
And yet… I am.

Because even though I have people everywhere, there are moments — like today — when no one is around. Just the kids and me. And that’s when the loneliness takes over — when the grief takes over.

Who do I call? What do I say?
All I want is him.
How can I reach him? How can I calm this pain — this ache, this silence?

It feels like my body is going to explode, like I can’t control it, and it just keeps rising.

No estás solo, pero lo estás.
Because he — Sean — the love of my life — isn’t here the way he used to be.

_ _

El Duelo y la Soledad

Cuando alguien muere, todo el mundo se acerca. Todos lo sienten. Todos lloran contigo. Recibes cientos de mensajes y aprendes quién realmente está ahí para ti.

Descubres quiénes son tus verdaderos amigos. Ves con quién puedes contar. El duelo te enseña qué importa y qué no, quién importa y quién no. A quién quieres en tu vida, y a quién no.

Mi esposo era amado en todo el mundo, desde Manila hasta Panamá. Vivió y trabajó en tantos lugares, tocó tantos corazones.

Construimos un verdadero crisol de razas en nuestra familia, una mezcla hermosa de culturas. Él era canadiense, yo soy venezolana, y nuestros hijos nacieron en Panamá. De cada uno de esos países, personas hermosas y bondadosas me escribieron, preguntando por los niños, pensando en nosotros, orando por nosotros. De verdad no tengo palabras para expresar lo que eso significa y lo profundamente agradecida que estoy.

Así que no estoy sola.
Y sin embargo… sí lo estoy.

Porque aunque tengo personas en todas partes, hay momentos — como hoy — en los que no hay nadie alrededor. Solo los niños y yo. Y es ahí cuando la soledad me invade, cuando el duelo me invade.

¿A quién llamo? ¿Qué digo?
Todo lo que quiero es a él.
¿Cómo lo alcanzo? ¿Cómo calmo este dolor, este vacío, este silencio?

Siento que mi cuerpo va a explotar, como si no pudiera controlarlo, y la sensación sigue creciendo.

No estás sola, pero lo estás.

Porque él — Sean — el amor de mi vida — no está aquí de la manera en que solía estar.

Previous
Previous

Not Everything Has To Be Perfect

Next
Next

The Naked Truth About Culture